Lluvia afuera, hace calor dentro. Demasiado calor. Hay un espejo al fondo de la pared y un viejo ordenador sobre el escritorio. Y las teclas al ser pulsadas una tras otra (Clic, clic, clic). Como una nana mecánica. Un pie repiquetea contra el suelo, impaciente, inalterable. El trabajo se acumula en la mesita de noche y yo sigo aquí intentando escribir una presentación en condiciones. Absurdo. Patético. Dimito.
Damas y caballeros, un gusto conocerles a todos a través de este teclado. Dejen sus abrigos en el perchero del recibidor y pónganse cómodos en los sofás del salón. La función está a punto de empezar.
(Clic, clic, clic)
Eco.
viernes, 28 de enero de 2011
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